semáforo para daltónicos - Javier Huertos

Semáforo para daltónicos

 

Un semáforo para daltónicos, y otras personas discapacitadas visuales, es lo que ha creado este inventor burgalés, Javier Huertos, mediante tecnología RGB de led.

 

Quizá le pongan cara como camarero durante los fines de semana en Las Bernardas (Burgos), pero Javier Huertos esconde mucho más en su recámara a sus 26 años.

 

Este joven burgalés es ingeniero técnico de diseño industrial por la Universidad de Valladolid y durante el resto de la semana trabaja como ingeniero becario en la fábrica de motores de Renault.

 

El pasado mes de septiembre presentó su proyecto de fin de carrera y no solo obtuvo matrícula de honor, sino que los que le escucharon le animaron a que diese el paso y patentase su idea para intentar comercializarla

 

Javier ha ideado el semáforo trióptico, que reúne en una sola óptica rectangular las tres que componen tradicionalmente estos instrumentos para regular el tráfico. Utilizando la tecnología RGB de led, la pantalla reproduce los tres indicadores tradicionales (rojo, verde y naranja) de forma estática y también dinámica, lo que no solo facilita la comprensión general de las órdenes de apertura, cierre y sentido de la circulación, sino que ofrece una visión más clara para aquellos usuarios de la vía que tienen deficiencias en la percepción de los colores.

 

Huertos detalla que hay mucha gente que puede tener dificultades ante un semáforo porque confunde los colores (discromatopsia), porque no los percibe (monocromatopsia) o porque tiene dificultad con los colores con poca saturación (tricrómatas anómalos). Solo el daltonismo, la confusión de colores, tienen una incidencia del 8% entre los hombres y del 2% en las mujeres. Hablamos de unos 38 millones de personas en Europa.

 

Pero el semáforo que intenta patentar Javier ofrece otras ventajas: al ser una sola óptica -frente a las tres tradicionales- su fabricación es más barata y su mantenimiento más fácil; es más intuitivo porque permite el movimiento en pantalla de los símbolos; es un aparato modular (permite tres posiciones en el poste según el sentido de giro de la calle); se ve desde los 100 metros y sus símbolos en movimiento se pueden ver dos veces circulando a 50 kilómetros por hora. Por último, es compatible -mediante un detector de voltaje- con los reguladores semafóricos ya existentes en las ciudades.

 

La solicitud de patente estima un coste por unidad de 222 euros  (incluyendo la base y la óptica), mientras que el semáforo clásico de led cuesta en torno a los 450 euros.

 

PATENTE:

 

Este ingeniero burgalés ha contado con el apoyo de un inversor privado para solicitar la patente nacional, que le ha costado -de entrada- 3.000 euros «que no serán los últimos...». Actualmente está elaborando el informe preceptivo sobre el estado de la técnica y «luego, si logro la patente, buscaré a alguna empresa interesada en su desarrollo y su comercialización».

 

Fuente: Diario de Burgos