Estos maniquíes son usados para estudiar la seguridad de los vehículos a través de test en pruebas de impacto reales. Están construidos con un esqueleto articulado de acero y aluminio, recubierto por una "piel" de vinilo especial, que se fabrica mediante cocción de los moldes correspondientes a 170º C, durante un tiempo de 10 a 20 minutos.

 

En el esqueleto se colocan células de carga, fabricadas con fresa de carburo sólido, con una precisión de 5 centésimas de milímetro, y en ellas se sitúan los medidores electrónicos de impacto. La fuerza de los impactos es indicada por unas galgas extensiométricas colocadas en lugares estratégicos de este esqueleto.

 

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